La pérdida auditiva se clasifica en cuatro niveles, leve, moderada, severa y profunda, y suele avanzar de forma tan gradual que muchas personas no notan los primeros síntomas hasta que ya están pidiendo que les repitan las conversaciones todos los días. Detectarla a tiempo es lo que marca la diferencia entre una solución simple con audífonos y un deterioro que afecta la vida social y laboral. Esta guía te explica cómo identificarla y qué hacer al respecto.

La pérdida auditiva es la disminución parcial o total de la capacidad de escuchar sonidos, causada por daño en alguna parte del oído externo, medio o interno. Puede originarse por exposición prolongada a ruido, el envejecimiento natural del oído, infecciones no tratadas, o el uso de ciertos medicamentos que afectan la audición.
En el caso de la presbiacusia, que es la pérdida auditiva asociada a la edad, el deterioro suele ser simétrico en ambos oídos y avanza tan lentamente que la familia suele notarlo antes que la propia persona afectada.
También existe la pérdida auditiva súbita, que aparece en horas o pocos días y sí requiere atención médica urgente, a diferencia de la gradual, que permite una evaluación programada sin mayor riesgo.

La pérdida auditiva se clasifica en cuatro niveles según cuánto se eleva el umbral de audición: leve, moderada, severa y profunda, y cada nivel requiere un tipo distinto de solución auditiva.

Las señales más comunes son pedir que repitan frases constantemente, subir el volumen de dispositivos por encima de lo habitual, y sentir que las personas “murmuran” en lugar de hablar con claridad.

Parte de la pérdida auditiva sí se puede prevenir evitando la exposición prolongada a ruidos fuertes y usando protección auditiva en ambientes laborales ruidosos, aunque la asociada al envejecimiento natural no se puede evitar por completo.
Bajar el volumen de auriculares, hacer pausas auditivas en ambientes ruidosos y realizar chequeos periódicos después de los 50 años son las medidas más efectivas para retrasar su aparición o detectarla antes de que avance.
La regla general de protección auditiva es simple: si necesitas levantar la voz para hablar con alguien que está a un metro de distancia, el nivel de ruido del ambiente ya es lo suficientemente alto como para dañar la audición con el tiempo.

Es momento de considerar audífonos cuando la dificultad para escuchar empieza a afectar el trabajo, las relaciones o la seguridad, como no escuchar bocinas de autos o alarmas, y la decisión siempre debe basarse en una evaluación auditiva profesional, no en la autopercepción.
Una audiometría determina el grado exacto de pérdida y permite ajustar el audífono a la frecuencia específica donde está el déficit, en lugar de simplemente amplificar todos los sonidos por igual.

El proceso comienza con una audiometría de screening que mide tu capacidad auditiva en distintas frecuencias, seguida de una video otoscopía para revisar el estado del canal auditivo y el tímpano, y termina con una recomendación personalizada según el nivel detectado.
En Besplus realizamos estas evaluaciones con tecnología portátil, lo que te permite hacer el chequeo sin trasladarte a una clínica. Si los resultados muestran algún grado de pérdida auditiva, te orientamos sobre las opciones de audífonos disponibles según tu caso.